martes, 19 de agosto de 2014

Estrella fugaz

¿Qué deseo has pedido? - Eso no se dice - ¿Por qué? - Porque entonces no se cumple - Va, dímelo, ¿qué deseo has pedido? - Que se acaben las estrellas fugaces - ¿Y eso para qué? - Para no tener que pedirte más - No pidas esas cosas. - No preguntes - ¿Quieres saber que he pedido yo? - No - ¿Por qué? - Para seguir soñando mi nombre en tu deseo - Pregunto demasiado ¿verdad? - Si. Propongo que se acaben las estrellas o caigan todas juntas, que la música se esfume, que la luz no haga sombras donde jugar a esconderse, que las chicharras se ahoguen, que las avispas se vacíen, que los pájaros no encuentren su hogar, que la playa quede lejos, que a las 4 no me tenga que marchar. - ¿Para qué querrías todo eso? - Para explotar y morir y volver a pedir aliento, olvidar y arrancar las ilusiones de cuajo, para esperar la inercia de los agradecidos a la resignación. Para volver a ser gris como los demás y así no volver a ver caer estrellas al mar.



jueves, 14 de agosto de 2014

¿Qué es eso de la moral?


  Leyendo un artículo en un pariódico sobre la moral y todo eso y bla bla me he encontrado una cita clásica de Prótágoras (y ése quién era?) que se ajusta mucho a lo que yo vengo pensando hace tiempo:
 

"El parecer de los hombres es la medida de todas las cosas"

 
 
  El texto, que es sobre la relatividad moral, más que nada política, también se ajusta a los cánones actuales de relaciones de todo tipo, personales, familiares, laborales. Está fijado un qué está bien y qué está mal porque según la época, líderes sociales dijeron que tenía que ser así, o según la época, fue el pueblo (cabreado) quien quiso cambiar las cosas. ¿Y ahora qué tenemos? ¿Lo que le pareció a unos pocos o lo que le pareció a unos muchos? Y lleva siendo así desde que en la Tierra se puede respirar. Es difícil de saber, por eso hay que entender que todo es relativo y que evidentemente la sociología existe por algo y el ser seres sociales y "listos" (unos más que otros) hace que vivamos de una manera si necemos en un sitio o en otro, y no solemos tolerar lo que hacen los demás. A veces nos hace gracia y nos sentimos muy progres si viajamos a un sitio éxotico y vemos sus constumbres, pero no abrimos la mente a una totalidad humana.
 
  Bueno conclusión, que la medida para todo la elegimos nosotros. Y que seremos criticados por ello. Y que no nos vendan que se tiene que hacer algo así porque es "lo normal". Bastante tenemos con la lucha social en todos los aspectos como para que nos digan cómo deben ser nuestros actos, sentimientos, decisiones, imagen... (que se hace, en publicidad, películas, dibujos animados, libros, normas, tradiciones y un largo etcétera).
 
 
  El sentido de la posesión es muy arraigado hoy en día, posesiones físicas y también emocionales, nos cuesta mucho desprendernos de ellas. Adquirimos "algo nuestro" con un valor que excluye muchas veces la libertad sin darnos cuenta. Es más, pensamos que es al contrario. Ser dueños de algo parece que nos aporta una tranquilidad en ocasiones engañosas. Ser nómada está mal visto, es como no tener arraigo o sentimientos fijos a algo, y no es asi. Yo soy nómada desde que tengo uso de razón. El apego se siente con personas, no con una estabilidad para toda la vida. Que está muy bien, pero también se puede elegir ¿no? Elegir qué se quiere sin que te estén juzgando constantemente.
 
 


viernes, 8 de agosto de 2014

¿Para qué?

Tengo una cicatriz enorme. Mide 22 centímetros exactos. Podría ser mi trofeo de guerra. 
Pero no lo es.

  Ya sé que dicen por ahí que la cicatrices del corazón, del alma y todo eso. Para qué decir más si todo el mundo lo sabe. ¿Cuándo dejan los demás de pasarlo mal, de resentirse, de resignarse? Una que intenta ser fuerte, pues lo nota. El tiempo pasa y pone las prioridades en orden, le pesen a quien le pesen. Pero... ¿y los que siguen con esa inercia cual babosa arrastrándose por un camino inevitable que le ha tocado vivir? A veces los hemos intentado ayudar, animar, moverlos con carros y carretas... pero no se puede. Sea lo que sea, depende de uno mismo, ya pueden tener diamantes delante, que solo verán carbón.

  Yo tengo un entrenador personal de jornada intensiva todos los días del año. Uf, qué maratones me hace correr, arriba, abajo, llantos, risas. Y sigo. Podría haber abandonado hace mucho. Puede que quizá lo haya intentado en un par de ocasiones, o tres, o cuatro. Pero es lo que tiene un entrenamiento duro. No duro, durísimo. Que o te cansas y lo mandas a tomar viento, o sigues y sigues, aunque sea con agujetas, aunque truene, llueva, aunque no tengas ningunas ganas de seguir, aunque duela todas las heridas que te has hecho. ¿Y al final? Todos suponemos que habrá una recompensa. Pues no. ¿Quién dice que la tiene que haber? La recompensa en todo caso es elegir el camino, el entrenamiento. Seguir. Puede que un día ya no tenga heridas de todos los esfuerzos, arañazos, desgarros, roturas. ¿Qué queda? El saber. Conocer. Haber hurgado tus límites. Traspasarlos. Contar hasta diez mil y parar. Pero llegar hasta diez mil. Han sido muchos meses contando. Descansar, contar, seguir, y así. Pese a todo, sigo aquí.

  ¿Y para qué?
 Para él. Para el alma. Para soñar estrellas. Para todo. Para vivir. Para romper. Para ser diferente. Para los monstruos. Para la gloria. Para las cicatrices. Para nada. 


martes, 5 de agosto de 2014

¿Somos más reivindicativos?

Comparto desde mi otro blog:

Con esto de que todo está al alcance de todos existen multitud de oportunidades y medios para lanzar una campaña - denuncia - manifestación online referente a temas que nos muevan el corazón o las tripas. Aparte de participar en actos en nuestras diferentes ciudades ahora podemos formar parte de movimientos más o menos reivindicativos de los que queramos formar parte. La plataforma change.org recoge firmas para infinidad de proyectos y peticiones alrededor de todo el mundo. Ni que decir tiene que estos proyectos definen nuestro perfil personal y profesional en las redes y que suelen ser públicos, por lo que hay que ser conscientes y estar muy seguros de lo que se hace. Aún así, adelante. Ahora todos somos parte global de grandes voces que llegan a todos lados.

  Y como yo también voy dejando granitos de arena por doquier, hoy quiero presentar un proyecto muy interesante. Su autora se llama Yolanda Domínguez, y la conocí casi de casualidad a través de su Twitter. Yolanda es una artista visual con un currículum más que interesante y un futuro muy prometedor. Copio de su bio: "Su labor artística trasciende al ámbito social y educacional, colaborando con distintas instituciones y organismos oficiales en programas de igualdad y género a través de talleres y conferencias y actualmente es profesora y tutora del Master Concepto y Creación de la Escuela de Fotografía EFTI de Madrid donde imparte el taller "Arte como herramienta de transformación social". Esa última frase me encanta. Para la transofrmación social hace falta gente como ella, que lleve a cabo proyectos interesantes, que den voz a los que piensan como ella. Su última obra se llama STRIKE THE POSE y ésa es en la que yo participo. ¿Qué quiere denunciar aquí?


The degrading representation of women in the fashion world.

La denigrante representación femenina de la mujer en el mundo de la moda.


Como ella misma analizaba en una entrevista a S Moda sobre las campañas publicitarias sexistas: "El problema es que lo tenemos tan asumido que no vemos nada anormal en ello. Ellos posan erguidos y en posiciones de liderazgo, ellas desparramadas y frágiles". Todo está dicho. Yo opino que el mundo de la moda debe ser bello, pero pero natural y para todos, no ridículo y machista. En Strike the Pose vamos a versionar esas fotos de mujeres frágiles y en su mayoría absurdas. Aquí va la mía. Os animo a seguir su Facebook, lleno de versiones.


Suerte Yolanda con tu proyecto, y gracias por animarme a participar. 

miércoles, 9 de julio de 2014

Qué tiempos aquellos cuando...

No es que ya no me guste escribir, o que no tenga experiencias o cosas para comentar. Es que sinceramente, estos tres años de porquería hacen mella y voy pensando si las cosas que pueda comentar serán estupideces (que la mayoría lo son, no es que me importa demasiado), o si alguien lo entenderá mal, o si no lo entenderá, o si tendrá doble sentido. En fin, no escribo porque me condiciono yo misma. No pasa nada. Me desahogué con Fantina, lo cual estuvo más que bien, ahora a la pobre la tengo macerándose para que de un pasito más.

Por otro lado, la miseria humana diaria me vuelve de color pulga, como la bata de Priam Farll (encomiendo encarecidamente su lectura). Tanto hacer, tanto soñar, tanto esperar y luchar, bah. Y llegas a un sitio lleno de gente y eres invisible. Y quien se cree grande no es absolutamente nadie, ni tiene conciencia ni sabe estar ni sabe de nada. Todo esto lo entiendo yo, claro. El caso es que hechos recientes han hecho que conozca gente variada... pero solo son gente compacta. ¿Todo el mundo está así como etiquetado? ¿De verdad? Así como del mismo color. Así como homogéneos, aburridos. 

Qué tiempos aquellos cuando... ah, no, que no hay tiempos aquellos. Me equivoqué. 

Yo ya me harté del quizá algún día, del ahora no, del a lo mejor. Estoy cansada y este mensaje se autoborrará en media hora. Un día así lo tiene cualquiera. Lo malo es cuando haces lo IM-PO-SI-BLE para darle la vuelta y 24 horas se convirtien en 26280.

No pasa nada, luego hago poesías y alguien con mala leche me dice que me expongo. Bueno, qué mas da exponerse. ¿Estábamos mejor encerrados en casa? Dicen que con las nuevas tecnologías no hablamos con nuestros vecinos. Dando de lado que tengo muy buena relación con los míos, no recuerdo que hace 20 años la gente se paseara por los pisos de los edificios llamando a la puerta de sus vecinos para conocerlos. Ni entablar conversaciones con el compañero de bus más allá de algo ocasional. Qué cosas. Cómo nos gusta criticar. Lo bueno y lo malo. 

Ya os dejo. Quizá os ponga un poemita, mirad, dice así:

Velocidad en las manos que cogen carrerilla
mientras entorno los ojos para que la arena no ciegue,
para ver el objetivo.
Los muslos se mueven al ritmo de grandes zancadas,
piso fuerte
        todo recto. 
Músculos tensos, sudor en la nuca, en las sienes. Dentro.
Y después, y ahora, y nunca...
llega la lluvia. Y los charcos salpican mis piernas.
Y ahora y siempre,
caigo.


Hala. media hora. 




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