domingo, 30 de agosto de 2015

Todo lo que quedará

  Anoche hubo una superluna, así la llaman. Muy bella y luminosa. Me senté en mi terraza a oscuras y la observé durante más de una hora. Todo a mi alrededor tenía una luz casi mágica, blanca. Esa misma luz en bosques de todo el mundo, mares, selvas, sabanas, valles y colinas, tuvo que ser una auténtica maravilla en esta combinación de nuestro planeta y lo que el universo proyecta sobre él. 

  Nadie duda ya de que nuestra "evolución tecnológica" —que no humana— ha ido demasiado rápido. Y todos sabemos que la evolución rápida conlleva una involución igual de rápida. Todo es "demasiado" en estos últimos 50 años. Todo un sprint, y creo que tropezaremos y caeremos de bruces cuando creamos que hemos llegado a la meta. Porque no hay meta. Ese es nuestro error. 

  Y la involución no será otra cosa que volver a la esencia, claro, a esa luz lunar. Al ser humano que nace desnudo a indefenso, que necesita de otros seres humanos para sobrevivir en esos primeros años. A lo más básico y lo más importante. A lo que se nos ha olvidado. Nadie va a descubrir el sentido de la vida de momento. Puede que todo sea un cúmulo que casualidades y circunstancias óptimas. La vida en sí es un complejo sistema nervioso. Lo que nos hace diferentes es la consciencia. Nada más. Y dentro de nuestra consciencia humana sólo dos cosas hacen que todo sea posible y siga sucediendo: las palabras y la música. Nada más. Mientras el ser humano sea capaz de seguir creando música, seremos extraordinarios. Y las palabras, las historias, son la base de nuestra existencia consciente. Se contaban historias desde el principio, se siguieron contando y así seguirá cuando hayamos perdido todo lo "creado" artificialmente. Será lo único que nos quede, esa capacidad de crear palabras, y de ellas historias que nos contaremos unos a otros. Y volveremos a inventar.



domingo, 5 de abril de 2015

Relatos Salvajes

  Me he aficionado a esto de alquilar películas en Google Play, tiene sus ventajas ya que no siempre se puede ir al cine, y aparte de que es más barato, puedes volver a verla o repetir escenas que quieres analizar o saborear mejor.

  Mi última adquisición ha sido Relatos Salvajes, bien sea por el deseo un poco morboso que tenemos todos de vengarnos o porque la han anunciado en la tele, o porque me la han recomendado... da igual. La he visto. Me ha gustado. Lo del avión es cierto, se asemeja mucho al accidente de Germanwings. Y el resto de los 5 relatos, pues unos y más y otros menos, todos son brutalmente sádicos, humanos, y normales. Pero el cine, sin ser cinéfila entendida, se mide por cómo te hace sentir, o mejor dicho, si te hace sentir algo, y esta película, cuando menos, te hace sentir angustia, si no en todas las historias, en alguna, aunque yo sentí angustia en 2, intriga en 3 y curiosidad en 1. 

  Por lo visto ha sido la película más taquillera en Argentina, los actores desde luego son formidables, pero he leído que la crítica en sí no ha sido muy buena en general, como que "no era para tanto", que no se han exprimido mucho la sesera en los argumentos. Yo discrepo, creo que lo bueno de la película es que aborda situaciones normales y corrientes que en un determinado punto se van de las manos. Llegan a "punto de no retorno". La forma de arreglarlo o la manera en que acaban son muy distintas, tan distintas como las reacciones del ser humano ante momentos extremos, extremos no sólo por el hecho en sí, algo externo que ocurre, sino extremo por cómo explotamos internamente en algún punto y cómo damos salida a ese infierno desatado que se nos mete dentro. Ahí está la cuestión, la IRA y cómo resolverla. Unos lo hacen con una naturalidad pasmosa y otros parece que se vuelven locos. Pero locos, estamos todos ¿no? La película es también una crítica a lo moralmente establecido, a lo políticamente correcto y a lo borregos que somos todos, a cómo nos aprovechamos unos de otros y cómo hoy en día no somos valientes, no aceptamos responsabilidades, cómo nos escondemos ante situaciones límites o desarrollamos un odio general hacia todo. Hombres y mujeres débiles. Unos no quieren aceptar consecuencias, y otros se dan cuenta de que aceptándolas, es como se liberan.




sábado, 14 de febrero de 2015

Cuando se sale del cine

  Un sábado cualquiera no tienes nada que hacer, nadie a quien llamar, o quizás si has llamado, pero todos hacen oídos sordos, el caso es que un sábado cualquiera —como todos— decido ir al cine. Cuando uno entra en la sala parece como que se para el mundo un poquito, estás ahí, viendo la enorme pantalla, la publicidad, los avances, y el momento solemne cuando empieza la peli. Todo se para. Hoy he visto Birdman, que parece que es una de las favoritas para los Oscar. Había oleadas de gente haciendo cola para ver lo de las sombras de Grey. Jóvenes, adolescentes, parejitas, grupos de señoras, en fin, muchos. En Birdman también había gente, yo creía que me iba a encontrar sola, y me alegro que no fuera así. 

  Parece que los chicos de Hollywood/Broadway, lo mismo da, conocen muy bien las miserias humanas. Siempre hay un director que va un poquito más allá y sabe plasmarlo de una forma diferente. No he visto abrir y cerrar más puertas en ninguna otra película. Sobre todo abrirlas. Abrir puertas y avanzar. Había cientos de secuencias así. Puertas y pasillos estrechos. No me extraña que el protagonista ansiara volar, escapar de las limitaciones, que imagino quieren decir que son las suyas propias, las que nos ponemos nosotros, nuestra mente, nuestro alrededor, qué importa. Abrir puertas y avanzar, gente que sale de los lados, de otras habitaciones, te las cruzas, les gritas, las besas, las echas, les das una paliza, y cierras una puerta y abres otra. Así toda la película. Con su argumento, claro. Y están los espectadores, los que mandan, se supone que todo se hace por y para ellos, pero no es así, todo nace de uno, todo quiere formar parte de lo esencial que queremos demostrar, que valemos. Que tenemos algo que decir y que somos importantes. Pero para eso necesitamos la crítica. Porque la crítica es el poder. Pero Birdman quiere volar. Su hija quiere volar. Todos quieren aire. En fin, no he entendido el final de la peli, no comprendo la metáfora, tranquilos que no voy a desvelar cuál es la última escena. El caso es que la mezcla de realidad y ficción es una línea muy muy leve, como siempre he dicho, todo es una obra de teatro. Nuestra mente quizá no sea capaz de traspasar lo que quiere y ponerlo en "la realidad". Suerte a quien lo consiga.

  Cuando se sale del cine te queda esa sensación como de superioridad. Sales de golpe al frío o al calor de la calle, la gente hablando, las luces, los sonidos, y tú sigues pensando en la película y lo que te transmite, lo que te hace pensar o sentir. Es como volver a nacer. Ellos no saben lo que tú has visto, lo que acabas de vivir, las verdades que te ha revelado el cine.




domingo, 8 de febrero de 2015

Buenas noches amor (speech)

  El amor dura ocho meses, así estadísitcamente, puede durar un poquito más si la persona es más sensible, depende de la personalidad, las vivencias etc, pero así por lo general, el amor humano no apuesta mucho más. Qué jodienda ¿no? Luego claro está, vienen esa época de transición, sufrimiento, llantos, despecho, odio o lo que se tercie, y a rey muerto, rey puesto, y a un clavo, lo saca otro clavo, y así sucesivamente. Y rueda y rueda y rueda. El humano vuelve entonces a decir las mismas cosas, repetir mismos gestos, sacar sus mejores "sketchs" amatorios, seductores, que no son más que repeticiones absurdas una y otra vez, eso sí, con personas distintas, por lo tanto reacciones distintas, pero en el fondo, en el fondo, qué aburrimiento empezar todo de nuevo. Qué aburrimiento esto del amor. Qué pesadez. Claro que la gran mayoría, y no lo critico, una vez que le pasa y ve que su pareja es "apropiada", lo cazan, plas, y crean un bonito escaparate donde sentirse cómodos. Y no está mal. Pero claaaaroooo, ay de las almas inquietas que buscan más y más, algo más que fachadas, algo más que querer cambiar a sus maridos para que las traten como a reinas. Ay, y es que querer a alguien tal como es, es complicadillo ¡eh! Eso de no esperar besos, abrazos, dedicatorias, caricias...

Y yo, amor, te quiero de cuatro en cuatro, cuatro años y otros cuatro y así hasta el infinito. Te quiero de una jodida manera, maldito ardor, de llamas superiores a todo lo posible. Amoris vulgaris no vale conmigo, ya quisiera yo. Te quiero en adiós, en tu cara, en todas las risas y todos los días vacíos. Y odio a veces la vida, luego la adoro, me peleo con ella, y no pasa un segundo sin pensar en ti, así tal cual. Entre los segundos te cuelas. Con un humor desgraciado, y a la vez con toda la suerte, pero no, amor, no. Qué sucio juegas al dejarme sin posibilidades, sin hacerme burda. Pero yo vuelo, y hasta ahí pocos llegan. Y si me hago grande, tú te haces conmigo, Porque el amor, ¿qué puede ser aparte de la locura de entenderte? ¿Qué puede ser aparte de la claridad de verte sin más? El amor nace en la individualidad de uno, nace en las entrañas de la soledad, y sólo crece si sigue ahí. Que me acompañes sólo lo haría más brillante, pero no más amor. No más grande, sólo se hace más bonito en todo caso. Más tranquilo, placentero, lo hace un camino. Mientras, yo sigo flotando, sin camino. Sin huella, pero con fuego. Sin tocarte, pero con cicatrices. No me importan. Malditas.
Y aun así... el amor se deconstruye para entenderlo, una vez, mil veces. 

¿Es que se mide de otra manera que no sea seguir a tu lado con un mundo en medio?
¿Acaso no es más que lealtad infinita a tu yo?
Déjame, amor, cuando siento desasosiego, déjame sola, déjame así, sin lazos, sin apretar. 
Déjame sola. Ya no lo aguanto.




martes, 20 de enero de 2015

Al otro lado

Si quieres que mire a través del cristal, dime,
¿me has traído un espejo?
Quiero pasar al otro lado donde la luz es más brillante.
¿Miento? Dame la mano.
Quiero atravesar y cortarme con puntas afiladas.
No importan las heridas, solo quiero pasar...
¿Habrá esperanza?
Me juego mi poca sensatez, mi poca rectitud, mi poca vida gris
a que sostengo la vida a empujones.
Yo sólo busco un resquicio, ese pequeño punto mágico,
y voilé.
Una luz cegadora que dolerá,
no enentederás, no veré, no sabrá el mundo...
El otro lado siempre es mejor,
siempre duele más,
siempre cuesta más,
siempre da más vueltas.
Siempre te hace caer.
Y luego vuelas.
Y luego eres.
Y luego yo.



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