lunes, 17 de noviembre de 2014

¿Cómo se hace?

¿Cómo se hace? ¿Cómo se ha hecho siempre? ¿Un adiós? Quizá una vuelta de cara. ¿Un nunca más? Un déjame.

¿Cómo? Cuando esa persona ha definido lo que soy yo. ¿Cómo, cuando ha sentado las bases de mi percepción? La que me dio la vuelta, la que me enseñó a cuestionar todo, a remover todo, a ver con otros ojos, a iluminar el camino. La que me puso del revés. Me encontré entre las luces del principio y las sombras que siguieron.

Cómo agradecer tanto y a la vez querer desaparecer. Me duele tu corazón. Te sueño. Y te doy. Seguir buscándote, encontrándote... ¿o fue un placer coincidir en esta vida?

No puedo decidir, aunque ya lo hice. Atrapada por llegar demasiado lejos. Quizá es el mundo del revés, no es débil el que se queda, sino el que se va, porque es más fácil. Quedarse es lo difícil. Ver y oír lo que no quieres, bajar la mirada y volverla a alzar a los dos días porque quizá, y un montaña rusa donde ya no hay vuelcos. He salido disparada de ella y vuelo.  Caeré, claro. Pero me subí. El punto de no retorno quedó tan atrás... años luz.

Las doctrinas lo dicen claro. Los consejos siempre son los mismos. Sin embargo...
Soy mejor gracias a ti, y tú eres luz. Pero...




viernes, 14 de noviembre de 2014

Comunicación Emocional

Después de meses trabajando en una gran oficina multinacional, de ver noticias sobre corrupción, de asimilar como podemos toda la infoxicación a la que estamos expuestos, la mala y la buena, los mensajes positivos, los mensajes negativos, etc... llega la Navidad... y llega la lotería. Sí, ya sé que todos habéis visto el anuncio y que más de uno habrá echado una lagrimita. Es decir, nos han tocado el corazón, la fibra sensible. Han conseguido emocionar con la comunicación. Publicidad en este caso, vamos, para que compremos boletos. No está mal, ni mucho menos. Me parece un poco excesivo el dinero gastado en un spot (más de 800.000 euros), pero imagino que habrá dado trabajo a mucha gente, por lo cual, está bien.

A lo que voy es, si la comunicación es capaz de emocionarnos en la tele, ¿por qué no lo hacemos en el día a día? ¿Qué falta? ¿Dónde está la empatía? ¿Es que sólo somos capaces de emocionarnos con lo que vemos o escuchamos en la tele? ¿Si yo contara mi historia a modo de película tendría más valor? Pienso que todo es un arma de doble filo, que nuestra vida diaria la vemos de color gris, que no nos indignamos lo suficiente, que tragamos demasiado, que no vemos a los demás, y que las alegrías y demostraciones de amor nos la guardamos para círculos muy cercanos, a veces demasiado cercanos. No hay nada malo en expresar lo que se siente, lo que se piensa. Manuel no pudo comprar su billete de lotería. ¿Comparías tú uno para tu vecino en paro? Veo cómo se tira comida en buen estado prácticamente todos los días. Nadie lo denuncia. Yo tampoco. Veo cómo se ponen zancadillas a compañeros de trabajo, cómo la inquina y la soberbia ganan a la naturalidad y a la espontaneidad, a la vida. Cómo las malas tretas y gestiones sacuden a la vida diaria de todos nosotros, incluso en el mencionado anuncio, que le pregunten a este señor al que le "robaron" el trabajo. ¿Por qué? ¿Por qué es emocionante una historia vista en tv si la nuestra puede ser mucho mejor? Quizá deberíamos empezar a actuar y no a ser espectadores. Quizá deberíamos hacer de cada día un teatro, una escena diferente. Quizá lo emocionante no es lo que nos quieren vender sino lo que tenemos al lado, justo al lado, quizá lo que hacemos es más valioso que las vidas de lujo de los poderosos, quizá lo que luchamos con toda nuestra alma es más importante que comprarse una casa, un coche, que ver esas películas comerciales donde parece que la vida es mejor o mucho peor.

Yo me planto, ésto no puede ocurrir solo en Navidad, esto no puede emocionar solo en estas fechas porque haya un anuncio de por medio, no podemos callarnos más, tenemos y debemos emocionar y emocionarnos.  

Es bueno para nuestro corazón, si acaso para que no suene tan cursi, es bueno para el sentido común. como dice una gran canción de Talking Heads (Once in a Lifetime), "Debes preguntarte a ti mismo, ¿cómo he llegado aquí? (...) Remueve el agua que hay en el fondo del oceáno. 

No paremos de remover. 

 
 
 
 
 
 
Artículo publicado en anamaroto.com

martes, 23 de septiembre de 2014

La librería más famosa del mundo

Acabo de terminar este libro: "La librería más famosa del mundo", de Jeremy Mercer. Resulta que es una especie de biografía, una experiencia real. También supongo que algo novelada. No ha sido mi lectura favorita pero tiene puntos a favor. Por ejemplo, cuando acabas te deja esa sensación agridulce de los libros que te transmiten algo. Como que te has metido en la librería de veras y has visto las cucarachas danzar, entre otras cosas. Resulta que esta librería-refugio en París acoge a muchos indecisos, bohemios, perdidos, nómadas... Pero no encuentro esta historia en particular bien narrada.

Quizá sea que por ser real, resulte tediosa a veces, tal como la vida es, sin embargo otras veces por lo mismo te sientes identificado con el sopor cotidiano, y eso, parece que da igual que te encuentres en París, Sevilla o Dublín. Lo cotidiano existe en todos lados, y de eso de trata la historia. Por mucho que huyamos a sitios lejanos, sea cual sea el motivo, la red de lo corriente te atrapa por muy excéntrico que uno sea, o diferente, o desigual, o por muy ajenas a ti que sean las circunstancias exteriores que vivas. Vamos, que por muy famosa que sea una librería, una persona, un acto... si se vuelve un hecho constante, pierde el brillo especial o el aura que parece tener. No es malo. Depende de cada uno que sepamos ver y valorar el sentido y la duración de las cosas, que casi siempre depende de nuestro ánimo. Y cuando pierden ese brillo... apreciarlas por lo que realmente son o pasar página.




domingo, 14 de septiembre de 2014

Tan libre

Nadie posee nada ni pertenece a nada,
acaso un puñado de sentimientos
y unas venas por las cuales danza la sangre,
nadie sabe por qué a veces se agolpa, se distrae, se detiene...
Nadie posee nada.
Nadie pertenece a nadie.
Todo se da.
No es un yo contigo, tú sin mí, nosotros, tú y yo, juntos...
Eres tú.
Soy yo.
Es todo lo ridículo. Aprender a ser.
Pero nadie posee nada. Ni siquiera el amor a otro.
Tan libre. Tan vital. Tan fuerte,
que por no poseer no es destruido,
que por no ver no es olvidado.
Que lo que crece... se deja estar,
y corre, y es franco, atrevido...
y es libre, sin poseer.
Y se aleja, sin echar llaves. Para sobrevivir.
Un viaje a la luna o al fondo del mar.
Un paseo al Tártaro para salir sin nada.
Ni muerta ni con victoria. Ni derrotada ni con honor.
Pero sin miedo,
porque nadie posee nada y el tiempo corre para todos.



sábado, 6 de septiembre de 2014

El gato

Ahí estaba yo, en lo más alto de la popularidad social, con mi piso chic, amigos por doquier, un trabajo y sueldo envidiables, cenando en restaurantes de moda y con un gato persa. Blanco. Ojos azules. Una preciosidad. Los domingos lo montaba en la cesta de mi bici y recorríamos las callejuelas del centro. Los domingos no estoy para nadie. Solo para mi gato. Me tomo un café capuchino y cuando llego a casa abro la caja de los recortes. Observo todas las fotos, las mías, las que salieron en los periódicos, las que saqué de la web. No está mal tener una caja de recortes. Al menos yo la llamo así. La guardo en el cajón del aparador. A la derecha de los platos de loza de mi madre. Cartuja sevillana. Cuando vienen invitados les encanta el toque ecléctico, la mezcla de lo tradicional con lo moderno. Mis sillas Eame combinadas con sopa con albóndigas. Todos dicen que tiene un sabor especial. La cocino yo, el resto lo hace María, mi empleada de hogar, la que me  hace la cama, limpia el baño, recoge el desayuno y la cena, y cocina grandes menús que copiamos de las mejores revistas gastronómicas. Pero la sopa la hago yo cuando empieza el otoño. En la caja de recortes también hay unas tijeras y un pintauñas rojo. El gato me mira con desdén y se va a su casita de diseño. Le puse juguetes de gato para que hiciera cosas de gato. Los gatos no suelen hablar, pero hay escritores que escriben novelas donde los gatos hablan. Y hablan mucho. Algunos hasta dominan el mundo. Yo creo que el mío quiere decir cosas. Si pudiera me insultaría, lo veo en sus ojos de hielo, pero le saco su comida gourmet y se le pasa, se frota en mis piernas. El pescado fresco le encanta, sardinas dos veces en semana. Me gusta cuidarlo. Lleva un año conmigo, como todos los demás, siempre son blancos con ojos azules. Nadie nota el cambio. Un año y cambio. Una rayita roja en el marco de la puerta del salón que nadie suele ver. Cinco hoy. La quinta. Mañana empiezan las reuniones con los nuevos clientes, viejos socios, colaboradores aburridos, y ya tengo que empezar a pensar en la cena de la semana que viene. La gran cena, La de todos los años. 




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